Peñarol avanza en accesibilidad para personas con movilidad reducida

Peñarol de Mar del Plata dio un paso firme hacia la inclusión plena con una serie de obras y reformas que transformaron sus instalaciones para recibir a personas con movilidad reducida. La decisión, madurada durante varios años y ejecutada en etapas, refleja un compromiso que excede lo deportivo y se instala en el corazón mismo del club como espacio de encuentro para vecinas y vecinos de la ciudad.

Los trabajos recientemente finalizados incluyeron la construcción de rampas, la instalación de un ascensor en el microestadio, la readecuación de sanitarios y la incorporación de señalización táctil y visual en distintos sectores del predio. Cada intervención fue pensada para que ningún socio ni visitante quede afuera de los partidos, las prácticas o las actividades sociales que el club ofrece a lo largo del año.

El proyecto reconoce que una institución con más de un siglo de historia acumula, con el tiempo, barreras arquitectónicas que no se advertían cuando la entidad fue fundada. Por eso, la comisión directiva resolvió encarar una planificación integral, asesorada por profesionales locales y por organizaciones de la ciudad dedicadas a la discapacidad, para que las soluciones adoptadas fueran verdaderamente funcionales y respetuosas de la dignidad de quienes las utilizarán.

Esta transformación edilicia dialoga con la vocación social que Peñarol sostiene desde hace décadas. Iniciativas como la colecta de útiles escolares muestran que la pertenencia al club también se construye acompañando a los barrios de Mar del Plata y tendiendo puentes con quienes más lo necesitan.

Una transformación edilicia que arrancó en silencio

Las obras más visibles se concentraron en el microestadio Islas Malvinas, donde juega como local el equipo de la Liga Nacional de Básquet. Allí se demolieron escalones que separaban la tribuna popular del campo de juego y se levantaron, en su lugar, dos plataformas con pendiente reglamentaria que comunican los palcos con la cancha sin necesidad de salvar desniveles a través de escalones. El cambio permite hoy que una persona en silla de ruedas pueda ubicarse en primera fila y seguir el partido en igualdad de condiciones que el resto del público.

En el estadio principal, las plateas también fueron intervenidas. Se incorporaron cuatro módulos fijos reservados para sillas de ruedas, ubicados en sectores con buena visibilidad y próximos a los accesos peatonales. Cada módulo cuenta con un espacio para acompañante y dispone de señalización específica, de manera que la ubicación pueda identificarse con facilidad incluso antes de llegar al estadio. La selección de esos puntos no fue arbitraria: se privilegiaron las zonas ya consolidadas por el público y se evitó relegar a los asistentes a sectores marginales.

Los sanitarios fueron reconstruidos por completo en ambos escenarios. Las nuevas cabinas disponen de barras de apoyo, grifería automática y pisos antideslizantes, y se amplió el espacio interior para permitir el giro completo de una silla de ruedas. Esta readecuación, muchas veces postergada en obras de infraestructura deportiva, resulta central porque sin sanitarios adaptados la asistencia al estadio se vuelve inviable para muchas familias. La inversión destinada a este punto fue una de las más altas dentro del presupuesto total.

A esas intervenciones se sumó la incorporación de un ascensor en el microestadio, una obra esperada desde hacía décadas. Hasta ahora, las personas con movilidad reducida que deseaban acceder a los palcos superiores debían ser asistidas por varias personas, una situación incómoda tanto para el socio como para quienes lo acompañaban. Con el nuevo equipamiento, ese recorrido se realiza en pocos minutos y con absoluta autonomía.

El recorrido de las obras y la normativa que las respalda

El proceso no fue improvisado. La comisión directiva conformó una mesa de trabajo junto con el área de infraestructura del club, profesionales de la construcción y referentes del colectivo de discapacidad de Mar del Plata. El objetivo era doble: detectar cada barrera arquitectónica existente y priorizar las intervenciones según el impacto real que tendrían en la vida cotidiana de los asistentes. Esa articulación permitió evitar reformas cosméticas que solo aparentan inclusión.

Las tareas se ejecutaron en dos etapas bien diferenciadas. La primera, durante el receso de la temporada de la Liga Nacional, permitió avanzar con las modificaciones estructurales más pesadas, que requerían el cierre temporal de algunos sectores. La segunda, ya con competencia en marcha, se concentró en detalles de terminación, cartelería y ajustes finos que se completaron sin afectar el desarrollo de los partidos ni la actividad de los demás deportes que funcionan en el club.

Toda la intervención se ajustó a la normativa vigente en materia de accesibilidad, incluyendo las disposiciones provinciales sobre eliminación de barreras físicas en edificios de uso público. Esto no solo aporta seguridad jurídica a la institución, sino que garantiza que las soluciones adoptadas resistan el paso del tiempo y sirvan como referencia para futuras ampliaciones del predio. Cumplir con la ley fue considerado solo el piso de la transformación: el club procuró ir un poco más allá de lo mínimo indispensable.

Un estadio pensado para cada socio y cada visitante

La experiencia de ir a la cancha empieza mucho antes del pitido inicial. Para una persona con movilidad reducida, el camino desde el colectivo hasta la tribuna puede estar lleno de obstáculos invisibles: veredas rotas, cordones altos, puertas angostas, escaleras imprevistas. El club trabajó sobre cada uno de esos puntos para que la jornada deportiva sea, ante todo, una jornada placentera y libre de sobresaltos.

Los accesos peatonales fueron nivelados y se eliminaron los desniveles que separaban la vereda de los ingresos principales. Se incorporó un sistema de pulsadores sonoros en los semáforos cercanos y se pintaron las sendas peatonales con colores contrastantes para facilitar la orientación de personas con dificultades visuales. Son detalles que parecen menores, pero que definen la diferencia entre poder salir solo o tener que depender de terceros.

Adentro, el recorrido hasta las ubicaciones adaptadas es ahora directo y está acompañado por señalización clara. Se dispusieron barandas dobles a lo largo de las escaleras —una a la altura convencional y otra a menor altura— y se colocaron pisos guías con texturas diferenciadas para orientar a quienes utilizan bastón blanco. Estos detalles, a menudo pasados por alto, hacen una diferencia enorme en la autonomía de cada visitante y consolidan al club como un espacio verdaderamente abierto.

Sector Antes de la obra Después de la obra
Microestadio Escalones sin alternativa Rampas con pendiente reglamentaria
Plateas estadio Sin espacios reservados Cuatro módulos para sillas de ruedas
Sanitarios Baños comunes sin adaptación Cabinas con barras y grifería automática
Accesos peatonales Cordones y desniveles Veredas niveladas y sendas táctiles
Palcos superiores Inaccesibles sin asistencia Ascensor propio con llegada a plateas
Cartelería interna Solo textos estándar Pictogramas, braille y alto contraste

Personal capacitado y protocolos de atención

Una rampa bien construida es solo una parte del trabajo. La otra, igual de importante, es garantizar que quienes trabajan en el club sepan cómo recibir, orientar y asistir a personas con distintas discapacidades. Por eso, las obras edilicias fueron acompañadas por un programa de capacitación destinado a empleados administrativos, personal de seguridad, boleterías y servicios de buffet.

Las instancias formativas estuvieron a cargo de profesionales con experiencia en inclusión y accesibilidad. Se trabajaron temas como el lenguaje adecuado, la forma correcta de ofrecer ayuda sin invadir la autonomía de la persona, el manejo de sillas de ruedas en caso de emergencia y los protocolos específicos para distintos tipos de discapacidad. La intención no es convertir a cada empleado en un especialista, sino derribar prejuicios y brindar herramientas concretas para la atención cotidiana.

Como complemento, el club incorporó también un canal de comunicación para que los socios con movilidad reducida puedan anticipar su visita al estadio. Mediante un mensaje previo, se reservan los módulos adaptados, se coordina el ingreso por el acceso más cómodo y se informa sobre eventuales obras puntuales que puedan dificultar la circulación. Esta articulación sencilla mejora notablemente la experiencia y reduce la incertidumbre que muchas veces precede a una salida familiar.

La capacitación no se agotará en estas primeras jornadas. Está prevista la realización de actualizaciones periódicas, sobre todo ante el recambio natural de personal, y la incorporación de módulos específicos para los entrenadores que trabajan con divisiones inferiores. De esa manera, la mirada inclusiva se transmite también a los más jóvenes del club, que aprenden desde temprano que el deporte se disfruta mejor cuando nadie queda afuera.

La inclusión como bandera social más allá del deporte

Las reformas en el predio se inscriben en una mirada más amplia que Peñarol viene construyendo desde hace años. El club entiende que ser una institución deportiva de referencia en Mar del Plata implica asumir responsabilidades que trascienden los resultados deportivos y se asientan en la vida cotidiana de la ciudad. Por eso, además de las obras, se promueven vínculos permanentes con escuelas especiales, centros de día y organizaciones de la discapacidad.

Esa apertura se traduce en propuestas concretas. El club cede sus instalaciones para eventos inclusivos, organiza clínicas deportivas abiertas a niños y niñas con distintas condiciones y facilita que los planteles profesionales compartan entrenamientos con selecciones de deporte adaptado. Cada acción refuerza un mismo mensaje: el club es de todos, y todos tienen lugar dentro de él.

Para los dirigentes, el desafío que viene es sostener lo hecho y profundizarlo. Las próximas etapas contemplan la incorporación de butacas ergonómicas en la zona de plateas, la ampliación del sistema de audio descripción para personas ciegas durante los partidos y un plan integral de accesibilidad para las actividades de fútbol, futsal y artes marciales que funcionan en el predio. La idea es que la transformación iniciada en el básquet sea el primer paso de un proceso que alcance a toda la institución.

Mejoras como las recientemente ejecutadas marcan un antes y un después. Cuando una persona con movilidad reducida puede concurrir sola al estadio, disfrutar el partido junto a su familia y volver a su casa con la misma autonomía con la que salió, la institución entera se engrandece. Por eso, cada socio puede sumarse a este camino: acercarse al club, participar de las actividades y acompañar las próximas obras que Peñarol impulsa para consolidarse como un hogar deportivo abierto a toda Mar del Plata.